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MARIANO BENLLIURE Y GIL Tributos históricos, series icónicas, imágenes religiosas, juegos excelsos del cincel del orfebre, milagros de las pasta, el color y el fuego del ceramista, garbo y ritmo de los coso o sonrisas de brotes carnales en la infancia desnuda, salieron de sus manos durante más de setenta años, con la limpia fruición de la emoción, hija del gusto de ver y de la belleza del conseguir. Manos temblorosas de chiquillo pobre que se gana la vida demasiado pronto y que cobran una misteriosa firmeza de juventud al modelar promesas geniales; manos temblorosas de octogenario que reencontraban, al tocar el barro, la cera, el leño y el bloque pétreo, una fortaleza de madurez eterna. No dejaron jamás de tenderse hacia la obra cotidiana e ininterrumpida desde 1871 hasta 1947, en un ademán filial y místico.
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